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Rufina Hernández / María Flores / Luisa Vázquez
Fundación Internacional para la Educación la Ciencia y la Tecnología, FIECYT.
los años. De acuerdo con el Banco Mundial (2024) “en 2022 eran un total de 712 millones
de personas las que vivían en la pobreza extrema en todo el mundo y tuvo un aumento de
23 millones en comparación con 2019”; tal situación afecta principalmente a grupos
vulnerables, como el caso de las mujeres, que en muchas ocasiones carecen de las
condiciones adecuadas que coadyuven a disminuir su participación en este indicador.
Diversos estudios realizados, muestran datos que destacan la necesidad de realizar
acciones que logren generar una igualdad sustancia para las mujeres, como manera efectiva
de acelerar el crecimiento económico y construir sociedades más prósperas e igualitarias.
Por ejemplo, "1 de cada 10 mujeres en el mundo vive en pobreza extrema; el número de
mujeres y niñas en zonas de conflicto se ha duplicado desde 2017, con más de 614 millones
afectadas; en estas áreas, las mujeres tienen 7,7 veces más probabilidades de vivir en
pobreza extrema. Se prevé que el cambio climático llevará a 236 millones de mujeres y niñas
a pasar hambre para 2030, el doble de la cifra de hombres (131 millones). Además, solo el
61% de las mujeres en edad productiva están en el mercado laboral, comparado con el 90%
de los hombres ONU Mujeres (2024)”. Por lo que no se trata solo de explicar los números,
más bien de comprender que la desigualdad de género, es un fenómeno social arraigado
en diversos países; el cual, a pesar de los esfuerzos para disminuirlo mediante
implementación de diversas leyes, normativas, políticas públicas y programas, la
disparidad significativa en oportunidades entre hombres y mujeres aún persiste.
Un indicador crucial que en muchas ocasiones no es considerado, es la percepción
de las personas que son afectadas de manera directa, demeritando su importancia. La
percepción en cualquier ámbito se trata de un proceso cognitivo que descansa en la
información de cada persona acerca de diferentes cuestiones como contextos, otras
personas, objetos, y que procesa de forma inmediata organizándose un juicio o valor.
(Pastor, 2000 mencionado en García, 2012), en el caso de las mujeres, sus percepciones sobre
la igualdad de género moldean sus expectativas de vida, limitando o ampliando sus
horizontes, por lo que escuchar lo que ellas viven y el contexto en el que residen, no solo es
necesario, sino más bien es obligatorio.
La percepción de las mujeres jóvenes es un indicador esencial en este contexto, ya
que este grupo enfrenta retos únicos en cuanto a acceso a oportunidades, tanto en
educación como en el mercado laboral. Al considerar sus perspectivas, es posible ajustar
políticas y programas de manera más efectiva, asegurando que las soluciones
implementadas respondan a sus necesidades y expectativas. Como afirman Cepaz (2023):
La participación de las mujeres y los jóvenes es fundamental para desarrollar
políticas públicas incluyentes y para incorporar diversas perspectivas en los procesos de
paz. Las mujeres y los jóvenes han sido históricamente marginados de los procesos políticos
y de toma de decisiones, lo que ha llevado a una falta de representación y al establecimiento
de políticas públicas que no reflejan las necesidades y perspectivas de estos grupos.
Sin embargo, aún persisten brechas significativas en ámbitos como la educación, el empleo
y la participación política.
Por otro lado, estudios históricos sobre la desigualdad de oportunidades para las
mujeres presentan un panorama de inclusión desfavorable para este grupo, pues aún
persisten barreras, como los techos de cristal, que impiden una igualdad sustantiva.
Algunas teorías feministas atribuyen esta desigualdad a la estructura patriarcal en la
familia y la sociedad, que sitúa a las mujeres en desventaja laboral, social y familiar. La
variable cultural, a través de estereotipos sexuales, también explica la segregación laboral
por género. Las teorías institucionalistas sugieren que ciertos grupos perpetúan la
discriminación contra las mujeres, lo que dificulta su erradicación (Rivas, 2004).