
187
Percepción de inseguridad y modificación de rutinas cotidianas en mujeres adultas en Ecuador
Retos de la Ciencia, 10(21), 185-200.
ISSN 2602-8237
de la persona, entre otras cosas, no tiene un respecto proporcional con las cifras disponibles a
la criminalidad, ya que hay otros factores a tener en cuenta como la experiencia previa, la
influencia de los medios de comunicación, el entorno urbano en que se viva, o las
características sociodemográficas de las personas (ONU Mujeres, 2023). De este modo, la
percepción de la inseguridad deja la del delito y se manifiesta como una experiencia cotidiana,
una sensación que inevitablemente afecta la calidad de vida y la forma como las personas se
relacionan con su entorno.
La literatura internacional ha demostrado que las mujeres sienten la inseguridad de
forma distinta respecto a los hombres, pues, aunque los índices de victimización varían en los
distintos contextos, las mujeres expresan que el temor y la vulnerabilidad son elevados en
lugares públicos, sobre todo al realizar desplazamientos nocturnos o en sitios menos vigilados
y poco iluminados. Esta situación está vinculada no solo a la inseguridad por delitos
convencionales, sino también a nuevos tipos de violencia en la ciudad, comportamientos de
acoso sexual en la vía pública y violencia en su versión más extrema, la violencia sexual, las
cuales restringen el ejercicio del derecho a la ciudad (UN Women, 2022).
En América Latina, el temor de las mujeres se ha erigido como un tema importante
ante el aumento de la violencia en el contexto urbano y ante las desigualdades de género
persistentes. Investigaciones llevadas a cabo en ciudades de México, Colombia, Chile y
Argentina revelan que las mujeres desarrollan de modo perpetuo estrategias de
autoprotección, como evitar ciertos lugares, modificar horarios de desplazamiento, restringir
actividades lúdicas y apoyarse en sus redes familiares para garantizar su propio bienestar
(Jaitman, 2023). Estas prácticas muestran que el miedo no es solo una reacción afectiva, sino
también un elemento a partir del cual se reorganiza la vida y donde las pautas de la vida
cotidiana quedan condicionadas a ello.
En el estado ecuatoriano, tal hándicap ha adquirido especial importancia en los
últimos años por el aumento en la percepción de inseguridad, así como por las
transformaciones de la manera de moverse en las ciudadades. Recientes informes apuntan a
que un porcentaje bastante importante de las mujeres expresa preocupación en el momento
de hacer uso del espacio público, transportes o espacios de cruce peatonal, especialmente a
las horas nocturnas (ONU Mujeres, 2023). Al mismo tiempo, investigaciones llevadas a cabo
en diferentes contextos ecuatorianos han sustentado que existe una asociación entre la
percepción de inseguridad y la costa de las formas de moverse cotidianamente.
Entre estas investigaciones destaca el aporte de Cáceres Castro, quien estudió la
percepción de la inseguridad de las mujeres en espacios públicos de la ciudad, determinando
que la experiencia del miedo condiciona la apropiación de la ciudad por parte de las mujeres.
De igual forma, Estrada Revelo y Guadamud Vera (2022) encontraron que la
percepción de inseguridad en terminales terrestres influye en las decisiones de movilidad y
en la selección de rutas de desplazamiento. Resultados similares fueron reportados por Ulloa
Tapia (2020), quien evidenció que las mujeres modifican horarios y trayectos como estrategia
preventiva frente a situaciones percibidas como riesgosas.
Igualmente, Palacios Jerves et al. (2021) expusieron que los factores vinculados al
medio urbano, como ser la iluminación, el mantenimiento de espacios públicos o la existencia
de personas en las calles, tienen una influencia relevante sobre la percepción de seguridad de
las mujeres. En la misma línea, Méndez Yedra (2024) reportó que la percepción de inseguridad