Edición Especial
Marzo, 2025
Vol. 1, No. 5, 68-80
https://doi.org/10.53877/rc1.5-568
Revista multidisciplinaria
e-ISSN: 2602-8247
www.retosdelacienciaec.com
EL PAPEL DE LA FAMILIA EN EL PROCESO EDUCATIVO
DE LOS NIÑOS EN EDAD PREESCOLAR
THE ROLE OF THE FAMILY IN THE EDUCATIONAL
PROCESS OF PRESCHOOL CHILDREN
Sandra Pamela Chávez Juma
1
Arelis Nayeli Arguello López
2
Karina Soledad Mejía Chamba
3
Aracelly Fernanda Núñez Naranjo
4
Recibido: 2024-10-22 / Revisado: 2024-12-22 / Aceptado: 2025-01-15 / Publicado: 2025-03-15
RESUMEN
El presente trabajo analiza el papel crucial de la familia en el proceso educativo de los niños
en edad preescolar, se explora diversas teorías de desarrollo infantil, además se examinan
los factores y colaboración que brinda la familia en la escuela. Esto nos lleva a conocer la
importancia que tiene la familia en la educación inicial de los niños, con el objetivo de
comprender la importancia de la familia como primer agente educativo que influye
significativamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños en edad
preescolar. Se ha realizado una búsqueda de información mediante una revisión bibliográfica
y un análisis de contenidos sobre las variables, familia, proceso educativo y desarrollo
cognitivo. Los resultados demuestran los beneficios que se pueden obtener, manteniendo
una participación activa en las instituciones educativas por parte de los padres de familia,
siendo así como estrategias educativas que impulsen el aprendizaje, la confianza y seguridad
de enfrentar retos educativos, la resolución de problemas en el ámbito escolar. En conclusión,
el contexto familiar es determinante en la calidad educativa que los niños van a tener en la
edad preescolar, no son solo las bases de experiencias tempranas, sino de la formación ética
y social dentro de la sociedad.
Palabras clave: contexto familiar, educación preescolar, participación activa,
desarrollo cognitivo, aprendizaje significativo.
1
Tecnóloga en Desarrollo Integral del Niño. Facultad de Ciencias de la Educación Inicial, Universidad Tecnológica
Indoamérica, Ecuador. Centro de Investigación en Ciencias Humanas y de la Educación-CICHE.
schavez25@indoamerica.edu.ec / https://orcid.org/0009-0009-4598-0931
2
Estudiante. Facultad de Ciencias de la Educación Inicial, Universidad Tecnológica Indoamérica, Ecuador. Centro
de Investigación en Ciencias Humanas y de la Educación-CICHE. aarguello@indoamerica.edu.ec /
https://orcid.org/0009-0004-7495-4066
3
Tecnóloga en Desarrollo del Talento Infantil. Facultad de Ciencias de la Educación Inicial, Universidad
Tecnológica Indoamérica, Ecuador. Centro de Investigación en Ciencias Humanas y de la Educación-CICHE.
kmejia11@indoamerica.edu.ec / http://orcid.org/0009-0006-2073-3721
4
Ph.D. Facultad de Ciencias de la Educación Inicial, Universidad Tecnológica Indoamérica, Ecuador. Centro de
Investigación en Ciencias Humanas y de la Educación-CICHE. fernandanunez@indoamerica.edu.ec /
http://orcid.org/0000-0001-7431-2339
Forma sugerida de citar: Chávez-Juma, S. P., Arguello-López, A. N., Mejía-Chamba, K. S. y Núñez-Naranjo, A. F.
(2025). El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar. Revista Científica Retos de
la Ciencia. 1(5). Ed. Esp. 68-80. https://doi.org/10.53877/rc1.5-568
Sandra Chávez / Arelis Arguello / Karina Mejía / Aracelly Núñez
Fundación Internacional para la Educación, la Ciencia y la Tecnología, FIECYT
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ABSTRACT
This study analyzes the crucial role of the family in the educational process of preschool
children. It explores various child development theories and examines the factors and
contributions that families provide to schools. This analysis highlights the importance of the
family in the early education of children. To understand the importance of the family as the
first educational agent that significantly influences the cognitive, emotional, and social
development of preschool children. A bibliographic review and content analysis were
conducted on the variables of family, educational process, and cognitive development. The
findings demonstrate the benefits of maintaining active parental involvement in educational
institutions, showcasing how educational strategies can enhance learning, build confidence,
and foster the ability to face educational challenges and solve problems within the school
environment. The family context is crucial in determining the quality of education that children
receive during preschool years. It not only provides the foundation of early experiences but
also shapes their ethical and social development within society.
Keywords: family context, preschool education, active participation, cognitive
development, meaningful learning.
INTRODUCCIÓN
En el contexto actual, donde el entorno educativo se enfrenta a numerosos desafíos, el papel
de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar adquiere una relevancia
sin igual. Por tal motivo, la investigación sobre este tema resulta de suma importancia, ya que
resalta cómo la participación activa y el apoyo constante de la familia pueden influir
significativamente en el desarrollo integral de los niños. En un mundo donde los modelos
educativos están en constante evolución, esta investigación aporta una perspectiva original
al mostrar la sinergia entre el núcleo familiar y el ámbito escolar, subrayando el interés de
explorar las dinámicas y estrategias que potencian el aprendizaje temprano.
Los aportes teóricos y prácticos de este trabajo son vastos y valiosos. Teóricamente,
se fundamenta en estudios previos y teorías educativas que destacan la importancia del
entorno familiar en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Además, proporciona
información que puede ser utilizado por futuros investigadores para profundizar en el tema.
Prácticamente, ofrece estrategias y recomendaciones concretas para que las familias puedan
involucrarse de manera efectiva en el proceso educativo, convirtiéndose en agentes activos
que facilitan el aprendizaje y el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en los niños
en edad preescolar. En otros términos, este trabajo no solo enriquece el conocimiento
académico, sino que también tiene un impacto directo en la vida cotidiana de las familias y
las comunidades educativas.
Es importante mencionar, que la etapa preescolar es fundamental en el desarrollo
integral de los niños, ya que durante estos años se sientan las bases para su crecimiento
emocional, social y cognitivo (González y Cárdenas, 2020), los autores mencionan que, en
este proceso, la familia juega un papel indispensable como guía y acompañante en los
primeros pasos hacia el aprendizaje, fomentando un entorno afectivo y estimulante que
prepara a los niños para enfrentar los retos educativos. Plazarte et al. (2022) indican que la
interacción entre los padres y los hijos en actividades cotidianas contribuye a fortalecer
habilidades básicas y a despertar el interés por descubrir el mundo que los rodea, sentando
así las bases de su futura trayectoria académica.
En la actualidad, este rol familiar sigue siendo fundamental debido a la contribución
que genera en la construcción de valores, habilidades y destrezas necesarias para el
desarrollo infantil (Martínez Chairez et al., 2020). No obstante, Plazarte et al. (2022) indican
que la participación de las familias en el ámbito educativo suele ser reducida o distante, lo
que plantea la necesidad de profundizar en las razones detrás de esta falta de
involucramiento y en el impacto que tiene sobre el proceso educativo de los niños en edad
preescolar.
El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar
Por otro lado, la educación desempeña un papel fundamental en el desarrollo integral de los
niños. Roth & Garcia (2022) mencionan que la educación preescolar contribuye a la
continuidad escolar y al aprovechamiento académico, favoreciendo la permanencia de los
niños en el sistema educativo y, a largo plazo, facilitando la adquisición de mayores recursos
económicos y sociales. Arredondo & Vizcaíno (2020) resaltan que los niños que asisten a
preescolar tienden a permanecer en el sistema educativo por más tiempo en comparación
con aquellos que no han recibido esta educación inicial.
Uno de los principales argumentos a favor de la educación preescolar es que
proporciona un espacio estructurado y seguro para satisfacer las necesidades educativas y
de socialización en la primera infancia (Cabrera & Dupeyrón, 2019). Este entorno está
alineado con el enfoque de la neurociencia aplicada a la educación, el cual resalta la
importancia de un ambiente educativo enriquecedor y adaptado al contexto de cada niño
(Vigoa et al., 2023). Es decir, que la educación inicial no solo responde a las necesidades
cognitivas y emocionales de los niños, sino que también considera el entorno familiar y social
en el que se desarrollan, comprendiendo que ambos factores son esenciales para un
aprendizaje efectivo (Cabrera & Dupeyrón, 2019).
Desde esta perspectiva, la función del nivel preescolar es ofrecer a los niños
oportunidades de desarrollo (Espinoza, 2023). Estos principios incluyen la creación de un
clima afectivo en el cual los niños puedan crecer, desarrollarse y alcanzar la autonomía en
un ambiente seguro y de apoyo (Nuñez et al., 2020). Según Vizcarra et al. (2021), la
adaptación escolar implica una serie de procesos sociales, emocionales y psicológicos
vinculados con la educación y el desarrollo completo de los niños, y siempre será un área de
interés para quienes están involucrados en su formación. De la misma manera, Cárdenas &
Menjura (2022) explican que la función básica de la educación preescolar va más allá de la
instrucción académica; también promueve el bienestar emocional y social mediante la
construcción de relaciones afectivas y la creación de experiencias significativas.
Es así, que la acción educativa en el nivel preescolar celebra el crecimiento integral
del niño como resultado de un proceso en el que se desarrollan tanto las habilidades
cognitivas como los aspectos emocionales y existenciales, este enfoque permite a los niños
desarrollarse plenamente, brindándoles las bases necesarias para una vida académica y
personal exitosa (Rodríguez et al., 2021). Cabe mencionar, que el aprendizaje en esta etapa
se fomenta mediante el juego y la interacción social, herramientas clave para estimular la
creatividad, la resolución de problemas y las habilidades socioemocionales esenciales para
su desarrollo integral (González-Grandón et al., 2021).
Desde esta perspectiva, la investigación se enfoca en analizar cómo el ambiente
familiar influye en el desarrollo cognoscitivo de los niños en edad preescolar, destacando la
importancia de identificar los factores y condiciones que lo conforman (Estrada & Mamani,
2020). Cabe mencionar, que este ambiente está compuesto por elementos físicos, sociales,
económicos y culturales que rodean al niño, y su influencia es determinante en la formación
de sus habilidades iniciales (Aguirre & Toledo, 2021). Este entorno, en gran medida,
determina la formación de las aptitudes y habilidades que el niño desarrollará durante sus
primeros años de vida, evitando la deserción de los establecimientos educativos,
estableciendo así una base sólida para su futuro académico y personal (Núñez, 2020).
Mendoza et al. (2023), señalan que un entorno familiar favorable, establece bases
sólidas que no solo previenen la deserción escolar, sino que también promueven un futuro
exitoso tanto en el ámbito académico como en el personal. Esta investigación se centra en
comprender la importancia de la familia como primer agente educativo que influye
significativamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños en edad
preescolar, sentando las bases para su aprendizaje integral (Sánchez & Dávila, 2022). Para
ello se ha realizado una búsqueda de información mediante una revisión bibliográfica y un
análisis de contenidos sobre las variables, familia, proceso educativo y desarrollo cognitivo.
Sandra Chávez / Arelis Arguello / Karina Mejía / Aracelly Núñez
Fundación Internacional para la Educación, la Ciencia y la Tecnología, FIECYT
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DESAROLLO
Teorías sobre el desarrollo infantil
El desarrollo infantil ha sido objeto de interés a lo largo de la historia, dando lugar a diversas
teorías que buscan explicar cómo los niños crecen y evolucionan en sus dimensiones
cognitivas, emocionales, sociales y físicas.
Vygotski. Lev S (1979), representa el enfoque del constructivismo social, considera que
la adquisición de nuevos conocimientos depende de dos modos de relación social, el diálogo
y la colaboración. La Zona de Desarrollo Próximo describe el espacio de aprendizaje y
desarrollo potencial de un niño en un momento dado, influenciado por su entorno y las
interacciones sociales (Cruz et al., 2019). Según Vygotski, el entorno propicia la creación de
situaciones de aprendizaje que sean desafiantes y relevantes para el niño, de modo que no
sean ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles, permitiéndole alcanzar su Zona de
Desarrollo Próximo (Guerra, 2020). Esto implica que el rol de los adultos y compañeros es
fundamental, ya que pueden ayudar a los niños a superar desafíos y avanzar hacia un nivel
superior de desarrollo.
La teoría de Vygotski subraya la importancia de la evaluación formativa y dinámica, en
lugar de centrarse únicamente en lo que un niño puede hacer de forma independiente, se
debe evaluar también lo que puede lograr con apoyo (Cruz et al., 2019). Este enfoque permite
a los educadores identificar las áreas en las que los niños necesitan más orientación y ajustar
las estrategias pedagógicas para maximizar su potencial. Así, la Zona de Desarrollo Próximo
no solo se convierte en una herramienta para el aprendizaje, sino también en una guía
práctica para la enseñanza efectiva.
Por otro lado, Piaget (1964), propone una teoría que enfatiza la importancia de la
interacción directa con la realidad, los niños adquieren conocimientos y desarrollan sus
habilidades explorando su entorno y experimentando con él, lo que les permite construir
esquemas de conocimiento progresivo. Bellomo, (2023) según el autor, en esta etapa, los
niños están especialmente interesados en comprender el mundo que les rodea, formulando
preguntas y buscando respuestas activas, a partir de los cuatro o cinco años, los patrones
motores e instrumentales de los niños se van organizando en secuencias de acciones que
adquieren autonomía, estas secuencias se interiorizan progresivamente, proporcionando una
base para que el niño continúe construyendo y aprendiendo de manera constante.
Piaget, (1964) subraya que los niños en la etapa preescolar son pensadores creativos
e intuitivos. Su enfoque en la exploración activa les permite desarrollar habilidades como la
clasificación, la secuenciación y el uso simbólico, que se manifiestan en actividades como el
juego de simulación y la resolución de problemas básicos (Guardia et al., 2021).
El juego desempeña un papel crucial en el aprendizaje durante esta etapa, ya que no
solo es una forma de entretenimiento, sino también una herramienta pedagógica que fomenta
la experimentación y la construcción de conocimiento. Piaget (1964) considera que el juego
simbólico, donde los niños utilizan objetos o acciones para representar algo diferente de lo
real, es una expresión directa de su capacidad para usar esquemas mentales de manera
flexible.
Erikson (1963) introduce su teoría psicosocial, en la cual el desarrollo infantil se concibe
como un proceso en el que los niños atraviesan distintas etapas, cada una asociada a un
desafío o conflicto específico que deben resolver, durante la edad preescolar, el desafío
principal es la iniciativa frente a la culpa, en el que los niños comienzan a explorar su entorno,
asumir roles y probar nuevas habilidades. Superar esta etapa de manera positiva fomenta la
autoconfianza y una base sólida para afrontar retos futuros (Hikal, 2023).
Un aspecto esencial que Erikson (1963) subraya que el equilibrio adecuado entre
iniciativa y la orientación por parte de los adultos fomenta un sentido de propósito en los niños.
Cuando los padres y maestros validan las ideas y esfuerzos de los niños, incluso si no siempre
son exitosos, estos se sienten motivados a seguir explorando y aprendiendo (Hikal, 2023).
Además, Erikson (1963) señala que esta etapa también marca el inicio de la construcción de
El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar
un sentido de identidad y pertenencia. Los niños que superan exitosamente el desafío de la
iniciativa frente a la culpa suelen desarrollar una actitud más positiva hacia la resolución de
problemas y el trabajo en equipo. Hikal (2023) explica que esto ocurre porque las actividades
exploratorias y los juegos simbólicos en esta etapa les permiten ensayar roles sociales,
comprender normas y establecer conexiones emocionales con sus compañeros y figuras
adultas.
Otro enfoque relevante es el de Bandura (1975) y su teoría del aprendizaje social, que
enfatiza la importancia de la observación, la imitación y el modelado en el desarrollo infantil.
Bandura propone que los niños aprendan no solo mediante la experiencia directa, sino
también observando las acciones de los demás y los resultados de estos. Esto es
particularmente importante en la edad preescolar, cuando los niños comienzan a identificar
modelos de conducta en adultos y compañeros (Rodríguez y Cantero, 2020). Albert Bandura
menciona que la capacidad de aprender observando les permite desarrollar habilidades
sociales y conductas adaptativas sin la necesidad de experimentar cada situación
directamente.
En el entorno preescolar, este enfoque cobra relevancia porque los niños están en una
etapa crucial de desarrollo donde comienzan a comprender normas sociales, resolver
conflictos y construir relaciones interpersonales (Rodríguez y Cantero, 2020). Por ejemplo, un
niño puede aprender habilidades de cooperación y empatía observando a sus compañeros
compartir juguetes o consolar a un amigo en apuros. De igual manera, la capacidad de
observar modelos positivos en adultos, como maestros que demuestran paciencia y respeto,
refuerza comportamientos prosociales que los niños luego replican en su entorno.
Además, Bandura (1975) subraya que el refuerzo, tanto positivo como negativo, juega
un papel significativo en la consolidación del aprendizaje observado. En la etapa preescolar,
esto significa que los niños no solo prestan atención a los comportamientos de los demás,
sino también a las reacciones que esos comportamientos generan. La teoría del aprendizaje
social también resalta la importancia de la autoeficacia, un concepto clave en el desarrollo
infantil, a medida que los niños observan y replican comportamientos exitosos, comienzan a
desarrollar confianza en su capacidad para enfrentar desafíos y alcanzar objetivos (Rodríguez
y Cantero, 2020). Este sentido de autoeficacia es esencial en la educación preescolar, donde
las experiencias positivas de aprendizaje a través de la observación pueden motivar a los
niños a explorar nuevas habilidades y enfrentar con seguridad situaciones desconocidas.
Las teorías antes mencionadas proporcionan una visión integral del desarrollo infantil,
destacando tanto la importancia del entorno social y las relaciones como el rol activo del niño
en su propio aprendizaje. Mientras Vygotsky y Bandura subrayan el impacto del contexto y
las interacciones sociales, Piaget y Erikson enfatizan el papel de la exploración individual y la
resolución de conflictos internos estableciendo así una base lida para su desarrollo
cognitivo y emocional.
Rol de la Familia en la Educación Preescolar
La familia es indiscutiblemente fundamental en la educación infantil, no solo porque
representa el espacio socializador más importante para el niño, sino también porque juega
un rol clave en sus primeros os de escolarización (Rodríguez et al., 2021). A través de la
familia, el niño adquiere modelos de valoración social, creencias, actitudes y normas de
comportamiento que influirán en su actitud hacia la escuela, el aprendizaje e incluso en su
maduración intelectual (Pedraza et al., 2017). Este bagaje familiar condiciona su forma de
relacionarse con los demás y de enfrentar los desafíos académicos. Por ello, es esencial
reconocer la importancia de una colaboración activa entre la familia y la escuela, con el
objetivo de que el niño desarrolle una mentalidad crítica y hábitos de trabajo efectivos,
motivados por la independencia de pensamiento y su propia personalidad.
Diversas investigaciones destacan que la colaboración entre la familia y la escuela es
indispensable para el éxito en la educación infantil. Las estrategias familiares tienen un papel
central en el rendimiento académico del niño, y promueven su desarrollo socioafectivo,
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facilitando también la prevención de problemas en la infancia (Mayorga et al., 2021). Los
autores además mencionan, que la relación entre familia y escuela sirve de soporte para el
desarrollo escolar y facilita un intercambio recíproco de valores y actitudes. Esta colaboración
es especialmente relevante durante la educación preescolar, ya que en esta etapa la función
de los docentes y la de la familia se complementan de manera directa, en un esfuerzo
conjunto por atender el desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los niños.
En la etapa preescolar, el desarrollo afectivo ocupa un lugar prioritario, y es en este
contexto donde el niño comienza a formar hábitos, actitudes y valores que constituirán la base
de su educación futura (Nuñez et al., 2020). El rol de la familia es, por tanto, fomentar un
ambiente de seguridad emocional y apoyo, donde el niño pueda experimentar y aprender sin
temor, estableciendo una base sólida para su desarrollo integral. La colaboración entre familia
y escuela no solo potencia el aprendizaje, sino que también contribuye al bienestar emocional
del niño, facilitando una transición armoniosa hacia su vida académica y social futura.
Factores que Influyen en la Participación de la Familia
La participación de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar está
influenciada por varios factores, que pueden tener un impacto positivo o negativo, uno de
estos factores clave es la comunicación dentro del entorno familiar, este tiene una influencia
significativa en los procesos afectivos de cada persona y son fundamentales para mejorar la
relación con los hijos y la eficacia de la acción educativa en la familia (Mendoza et al., 2023).
Una actitud abierta y dialogante en el hogar fomenta en el niño la creatividad y el deseo de
participar. Es beneficioso establecer un diálogo dinámico y estimulante que aliente al niño a
expresar sus ideas y ser parte activa de la conversación. Además, el lenguaje empleado en
el hogar influye inconscientemente en el desarrollo comunicativo y lingüístico de los niños.
En algunos casos, la falta de participación de la familia en la escuela se debe a la
reticencia de ciertos docentes a involucrar activamente a las familias en el proceso educativo
(Mendoza et al., 2023). Aunque la legislación y los programas educativos promueven esta
colaboración, algunos educadores consideran que su labor es más sencilla si no comparten
decisiones con los padres ni les piden participar activamente en la vida escolar. Existen
diversos obstáculos en los centros educativos que limitan la participación familiar, como la
capacidad y actitud del personal, la falta de tiempo, recursos limitados y la falta de
competencia cultural y lingüística para entender mejor la realidad de las familias (Martínez et
al., 2020). Superar estas barreras requiere que los centros educativos promuevan prácticas
de formación comunitaria, lo cual es fundamental para asegurar una participacn familiar
efectiva y enriquecedora.
Colaboración entre la Familia y la Escuela
La colaboración entre la familia y la escuela debe fundamentarse en un intercambio recíproco
de ideas, conocimientos e información que permita alcanzar objetivos comunes compartidos
por ambas instituciones (Sánchez y Dávila, 2022). Este intercambio debe incluir prácticas
educativas basadas en la comprensión mutua de los roles socioculturales de cada institución,
lo que facilita una confrontación constructiva y el equilibrio necesario para ofrecer a los niños
un ambiente culturalmente enriquecido y favorable para su desarrollo. De esta manera, el rol
de los padres no es el de simples observadores o participantes externos; para colaborar
efectivamente, deben familiarizarse con el lenguaje escolar, que difiere del lenguaje familiar
o social general.
Esta colaboración debe estar centrada en el interés compartido por el bienestar y
desarrollo de los niños. La educación integral debe ser responsabilidad tanto de la familia
como de la escuela. El objetivo final de esta colaboración es la formación integral de los niños,
preparándolos para que se conviertan en ciudadanos responsables y comprometidos. Las
familias, como primeros educadores, deben asumir un papel activo, complementando y
apoyando el trabajo de la escuela en la formación de sus hijos (Sánchez y Dávila, 2022). No
El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar
deben delegar exclusivamente en la escuela la educación de los niños, sino participar
activamente en su aprendizaje. Acompañar a los hijos en el proceso educativo es fundamental
para enseñarles y motivarlos, colaborando de manera estrecha con la escuela para lograr
una educación integral y equilibrada.
La colaboración entre la familia y la escuela debe basarse en un intercambio dinámico
y constante de ideas, conocimientos y experiencias, con el propósito de fomentar un
desarrollo integral de los niños (Mendoza et al., 2023). Este intercambio no solo requiere
comunicación efectiva, sino también la construcción de una relación de confianza mutua que
permita alinear objetivos educativos. Desde este punto de vista, las prácticas educativas
deben incorporar una comprensión profunda de los roles socioculturales que desempeñan
tanto la familia como la escuela, promoviendo una interacción que respete y valore la
diversidad de perspectivas (Blanco, 2024). Este enfoque fomenta un entorno enriquecedor
donde el niño puede desarrollar competencias tanto académicas como sociales. En este
contexto, el lenguaje escolar, a menudo más estructurado y formal, debe ser accesible a las
familias, quienes necesitan entender y participar activamente en los procesos educativos.
Además, esta colaboración debe estar orientada hacia el bienestar integral de los niños,
reconociendo que la educación no solo es responsabilidad de la escuela. Las familias tienen
un papel primordial como los primeros educadores de los niños, ofreciendo un contexto
emocional y social que la escuela no puede suplir completamente (Sánchez y Dávila, 2022).
Al trabajar juntos, la escuela y la familia pueden complementar sus esfuerzos para garantizar
que los niños no solo adquieran conocimientos, sino también valores, habilidades y actitudes
esenciales para la vida. Este esfuerzo conjunto debe priorizar la formación de ciudadanos
éticos, críticos y responsables, capaces de contribuir positivamente a la sociedad.
Por tal razón, es crucial que las familias asuman un rol proactivo en la educación de sus
hijos, participando de manera directa y consciente en su proceso de aprendizaje. Esto incluye
el seguimiento de las tareas escolares, la participación en actividades extracurriculares y el
apoyo emocional necesario para superar los retos que enfrentan los niños en el entorno
escolar. La familia no debe verse como un actor externo que delega la responsabilidad
educativa únicamente en la escuela, sino como un socio estratégico que trabaja en sinergia
con los docentes (Blanco, 2024). Esta colaboración puede materializarse mediante reuniones
periódicas, talleres conjuntos y programas que promuevan la implicación de los padres en las
dinámicas escolares.
Cabe recalcar, que para que esta relación sea efectiva, es fundamental que ambas
partes mantengan una actitud abierta hacia el aprendizaje continuo (Sánchez y Dávila, 2022).
La escuela debe ofrecer espacios de formación para que las familias comprendan mejor los
métodos y objetivos educativos, mientras que las familias deben proporcionar
retroalimentación sobre las necesidades y características individuales de los niños. Este
intercambio fortalece el vínculo escuela-familia y contribuye a un sistema educativo más
inclusivo, flexible y orientado a las necesidades del estudiante (Blanco, 2024). La
colaboración efectiva entre la familia y la escuela no solo enriquece el aprendizaje del niño,
sino que también fortalece el tejido social al fomentar la participación activa de ambas
instituciones en la construcción de una comunidad educativa sólida y comprometida.
Programas de Apoyo Familiar en Educación Preescolar
Es importante mencionar algunos programas de apoyo, como, el programa denominado
Prospera, permite transferencias condicionadas a la asistencia escolar y chequeos de salud
que busca reducir la pobreza y mejorar el desarrollo infantil (Ordóñez y Silva, 2019)., a través
de sus mecanismos, se incentiva la inversión en capital humano, especialmente en las áreas
de salud, educación y alimentación. Además, ha evolucionado para incluir un enfoque de
bienestar integral, con mayores esfuerzos en la inclusión financiera de las familias
beneficiarias.
Así también, existen programas que se enfocan en el acompañamiento integral del
desarrollo de los niños desde la gestación hasta los 9 años, donde ofrecen apoyo psicológico,
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social, nutricional y educativo, con adaptaciones en regiones rurales y de diversas culturas
(Garcia et al., 2024). Según el autor su enfoque innovador incluye la entrega de herramientas
personalizadas según las necesidades de cada niño y su familia. Familias en Acción es otro
programa de apoyo económico condicionado para mejorar la salud, educación y nutrición de
los hijos de familias en situación de pobreza (Aguiar et al., 2023)., este programa prioriza las
transferencias monetarias como un incentivo para que las familias envíen a sus hijos a la
escuela y accedan a servicios de salud preventiva, ha mostrado impactos positivos en la
reducción de la deserción escolar y el mejoramiento de indicadores nutricionales,
particularmente en comunidades rurales y zonas afectadas por conflictos armados.
Plan Jefas y Jefes de Hogar, aunque se ha transformado con el tiempo, este programa
apoya a familias de bajos ingresos con transferencias y acceso a capacitación laboral se
diseñó para brindar apoyo inmediato a hogares con desempleo, enfocándose especialmente
en mujeres con responsabilidades familiares (Sánchez y Dávila, 2022). Los autores
mencionan que, con el tiempo, el programa integró componentes de capacitación en
habilidades laborales, lo que permitió a muchos beneficiarios mejorar su empleabilidad. Su
implementación ha sido crucial en contextos de crisis, sirviendo como un modelo de
emergencia para reducir los efectos de la pobreza extrema.
Los programas de apoyo a la familia en el proceso educativo de los niños deben estar
diseñados conforme a las características, necesidades y demandas de cada localidad o grupo
social en particular (Pico, 2021). Aunque pueden servir como referencia para crear e
implementar programas en nuestras comunidades, no se pueden aplicar de forma
generalizada sin ajustes, su operación requiere modificaciones para adaptarse a las
características específicas de la población destinataria, lo cual enriquece su impacto y
eficacia. Existen numerosos proyectos, programas y acciones de organizaciones no
gubernamentales, religiosas, culturales, privadas e instituciones de desarrollo comunitario
que contribuyen significativamente a este objetivo.
Estrategias para Involucrar a la Familia en el Proceso Educativo
El involucramiento familiar en el proceso educativo es un pilar fundamental para potenciar el
aprendizaje y desarrollo integral de los estudiantes, para lograr una participación efectiva, es
esencial diseñar estrategias que promuevan la colaboración activa de los padres,
reconociendo las dinámicas y limitaciones de cada familia (Padilla y Madueño, 2022), las
dinámicas grupales participativas son clave para fomentar este involucramiento, ya que
permiten a los padres compartir experiencias, reflexionar sobre su rol en la educación de sus
hijos y construir una comunidad de apoyo mutuo. Estas dinámicas también pueden ser
complementadas con actividades que fortalecen la comunicación entre docentes y padres.
Una herramienta práctica y efectiva es la realización de reuniones periódicas con los
padres, donde se facilita un espacio seguro para expresar inquietudes o sugerencias, permitir
que los padres formulen preguntas anónimas sobre las necesidades del grupo, como sugiere
(Núñez, 2020), no solo enriquece la comprensión de los docentes sobre las expectativas de
las familias, sino que también reduce posibles tensiones o malentendidos. Estas reuniones
pueden incluir sesiones informativas sobre temas relevantes, como estrategias de
aprendizaje en el hogar, el manejo de emociones en los niños y cómo fomentar hábitos de
estudio efectivos.
Desde el hogar, los centros educativos pueden fomentar la participación activa a través
de estrategias sencillas pero significativas. La implementación de carteles de reconocimiento
mensual (Infante y Padilla, 2020) es una práctica que motiva tanto a los estudiantes como a
sus familias, al superar logros y avances. Otras actividades, como la creación de materiales
didácticos, la personalización de útiles escolares o la participación en decoraciones
escolares, fortalecen el vínculo emocional entre padres e hijos y refuerzan la importancia de
la educación como un esfuerzo compartido.
Además, se pueden organizar eventos escolares, como ferias educativas, talleres de
manualidades y jornadas deportivas, donde los padres participan activamente como
El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar
delegados o voluntarios. Estas actividades no solo refuerzan el sentido de pertenencia de los
padres hacia la institución educativa, sino que también fomentan la interacción entre familias,
fortaleciendo el tejido social de la comunidad escolar. Para facilitar la participación, es
fundamental ofrecer flexibilidad en los horarios y modalidades de colaboración, reconociendo
que los compromisos laborales pueden ser un desafío.
Un componente crucial en estas estrategias es el establecimiento de compromisos
claros al inicio del ciclo escolar, acompañados de incentivos como certificados de
reconocimiento o menciones honoríficas por la colaboración de los padres (Infante y Padilla,
2020), estos gestos generan un impacto positivo en la percepción de las familias sobre su rol
en la educación y los motiva a mantener su participación activa. Por lo que, fomentar en las
padres habilidades como la escucha activa, la empatía y una disposición constante de apoyo
es esencial para crear un ambiente positivo en el hogar (Maza et al., 2023). Esto implica no
solo acompañar a los hijos en sus tareas, sino también brindarles un espacio seguro para que
expresen sus emociones y preocupaciones. Al adoptar una actitud de colaboración y
compromiso, las familias no solo apoyan el desarrollo académico de sus hijos, sino que
también contribuyen al fortalecimiento de su autoestima, resiliencia y habilidades sociales.
En otros términos, la educación es un esfuerzo compartido que requiere la sinergia de
todos los actores involucrados. Diseñar estrategias inclusivas y flexibles que promuevan el
involucramiento familiar no solo enriquece el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que
también fortalece los lazos entre la escuela, el hogar y la comunidad.
Beneficios de la Participación de la Familia en la Educación Preescolar
La participación activa de la familia en la educación preescolar es esencial para el desarrollo
integral de los niños, ya que establece un puente entre el entorno familiar y el escolar. Este
vínculo no solo fomenta una mejor comunicación entre padres y educadores, sino que
también permite identificar y atender oportunamente las necesidades específicas de cada
niño (Cortez & Moreno, 2023). Al compartir observaciones sobre el desarrollo de los niños,
las familias y los docentes pueden diseñar estrategias educativas personalizadas que
impulsen su aprendizaje y bienestar emocional.
Además, este enfoque colaborativo fortalece la confianza del niño al percibir una
coherencia entre las expectativas familiares y escolares, ya que cuando ambas instituciones
trabajan de manera alineada, el niño recibe mensajes consistentes sobre lo que se espera de
él, tanto en términos de comportamiento como de logros (León et al., 2023). Esta coherencia
no solo brinda al niño un sentido de estabilidad y seguridad emocional, sino que también
facilita su adaptación a los entornos educativos y sociales, reforzando su autoestima.
Adicionalmente, cuando el niño ve que sus padres y maestros están en sintonía y se apoyan
mutuamente, percibe un ambiente de apoyo integral que lo motiva a enfrentar desafíos y
desarrollar un sentido de responsabilidad compartida hacia su propio aprendizaje y desarrollo.
Esta percepción de unidad entre la familia y la escuela también ayuda al niño a
internalizar valores, normas y actitudes de manera más efectiva (Sánchez y Dávila, 2022).
Por ejemplo, si los padres refuerzan en casa los hábitos de estudio promovidos en la escuela,
el niño comprende que estas prácticas tienen un propósito importante, lo que fomenta la
autoconfianza en sus capacidades para cumplir con las expectativas de ambos entornos.
Asimismo, según (Loor et al., 2022), el diálogo constante entre padres y docentes permite
identificar y atender de manera conjunta cualquier dificultad que el niño pueda enfrentar, lo
que refuerza su confianza al saber que cuenta con una red de apoyo sólida y coordinada.
Por otro lado, este enfoque fomenta el desarrollo de habilidades socioemocionales en
el niño, como la empatía, la comunicación y la resolución de conflictos, ya que aprende a
relacionarse en un entorno donde se valoran la colaboración y el respeto mutuo (Loor et al.,
2022). Al percibir que tanto la familia como la escuela trabajan en su bienestar, el niño se
siente valorado y respetado, lo que fortalece su sentido de pertenencia y su disposición para
participar activamente en su proceso educativo.
Cabe mencionar que la asistencia a centros educativos durante la etapa preescolar
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aporta beneficios significativos, especialmente cuando las familias participan activamente en
el proceso. Aunque la educación en el hogar proporciona una base sólida en valores y
habilidades sociales, el ambiente escolar amplía las oportunidades de aprendizaje mediante
actividades estructuradas que estimulan el desarrollo cognitivo, emocional y social (Padilla y
Madueño, 2022). En el aula, los niños tienen la posibilidad de interactuar con sus pares en
un entorno seguro y estimulante, lo que favorece la adquisición de habilidades como la
resolución de conflictos, la cooperación y la empatía. Esta interacción social temprana sienta
las bases para un desarrollo emocional saludable y una mejor adaptación en etapas
educativas posteriores.
Además, la participación familiar en la educación preescolar refuerza la confianza de los
niños en sus propias capacidades. Los padres que se involucran en las actividades escolares,
como talleres, reuniones o proyectos conjuntos, envían un mensaje claro de que la educación
es una prioridad. Este apoyo emocional y práctico motiva a los niños a comprometerse con
su aprendizaje y a desarrollar un sentido de pertenencia hacia su entorno escolar (Blanco,
2024). Incluso actividades simples, como leer juntos o acompañar a los niños en sus tareas,
pueden tener un impacto positivo duradero en su autoestima y en su disposición para
aprender.
Un aspecto crucial de la educación preescolar es su enfoque en el aprendizaje a través
del juego. Las actividades lúdicas no solo son atractivas para los niños, sino que también son
herramientas pedagógicas efectivas que estimulan su imaginación, pensamiento crítico y
habilidades motoras (Candela y Benavides, 2020). Cuando las familias colaboran con los
educadores para implementar estas actividades, se crea un ambiente enriquecedor tanto en
el hogar como en la escuela.
Asimismo, la participación de la familia permite abordar desafíos específicos que los
niños puedan enfrentar, como dificultades en el lenguaje, la socialización o el manejo de
emociones. La colaboración entre padres y educadores facilita la identificación temprana de
estos retos y la implementación de intervenciones adecuadas (Bahamonde et al., 2021). Por
ejemplo, si un niño muestra retrasos en el desarrollo del lenguaje, los educadores pueden
orientar a los padres sobre estrategias efectivas para estimular el habla en casa. Este trabajo
conjunto no solo beneficia al niño, sino que también fortalece la relación entre la familia y el
centro educativo.
Otro beneficio clave de la participación familiar en la educación preescolar es la
formación de hábitos y rutinas saludables (Len et al., 2022). En esta etapa, los niños están
desarrollando habilidades esenciales para la vida, como la autonomía, la organización y la
responsabilidad. Cuando las familias se involucran en estas áreas, asegurándose de que los
niños tengan horarios consistentes para dormir, alimentarse y realizar actividades educativas,
se promueve un desarrollo equilibrado (Len et al., 2022). Los educadores pueden guiar a los
padres en la creación de estas rutinas, asegurando que sean coherentes con las expectativas
del centro educativo.
Por último, la participación activa de la familia contribuye a reducir las brechas
educativas, especialmente en contextos donde los recursos son limitados. Las familias que
se involucran en la educación de sus hijos tienden a estar más informadas sobre las
oportunidades y recursos disponibles, lo que les permite tomar decisiones más acertadas
para apoyar el desarrollo de los niños (Avila y Giannotti, 2020). En comunidades vulnerables,
este tipo de colaboración puede marcar una diferencia significativa, asegurando que los niños
reciban la atención y el apoyo necesarios para superar barreras económicas o sociales.
Finalmente, es necesario resaltar que la participación de la familia en la educación
preescolar no solo beneficia el desarrollo integral de los niños, sino que también fortalece la
relación entre la escuela y el hogar. Al trabajar juntos, las familias y los educadores pueden
crear un entorno educativo cohesivo y enriquecedor que promueva el aprendizaje, la
confianza y el bienestar de los niños. Este esfuerzo conjunto es esencial para garantizar que
los niños no solo alcancen su máximo potencial durante la etapa preescolar, sino que también
se sientan preparados para enfrentar los desafíos de las etapas educativas posteriores.
El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar
CONCLUSIONES
A partir de la presente investigación, se concluye que el contexto familiar constituye el primer
ámbito educativo donde el individuo comienza a desarrollar habilidades cognitivas,
emocionales y sociales fundamentales sienta las bases para un aprendizaje significativo, la
familia no solo es el entorno natural para las primeras experiencias, sino también una
influencia clave en la formación de valores éticos y sociales, elementos como el afecto, la
comunicación, el cuidado y la experiencia compartida son esenciales para sentar las bases
del desarrollo integral del niño. Reconocer y fortalecer este rol es fundamental para garantizar
el desarrollo pleno de los niños, la familia en el proceso educativo es determinante, ya que
proporciona las condiciones iniciales para que los niños adquieran habilidades de
exploración, autorregulación y socialización.
Es crucial que los docentes reconozcan las características particulares de cada núcleo
familiar, comprendan sus percepciones y valores, y trabajen en colaboración con los padres
para potenciar el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños en edad preescolar.
Este enfoque colaborativo asegura que tanto la familia como la escuela contribuyan de
manera complementaria al proceso educativo. Asimismo, el acompañamiento del docente
debe ser ético, profesional y empático, orientado hacia el bienestar integral del niño. La
relación entre familia y escuela debe basarse en una comunicación abierta y transparente
que fomente la confianza mutua. Esta interacción colaborativa crea un entorno educativo en
el que los niños pueden alcanzar su máximo potencial, reforzando sus capacidades
cognitivas, fortaleciendo su desarrollo emocional y facilitando una adecuada integración
social.
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