En la década pasada el gobierno trato de mejorar el sistema educativo, en
cada uno de sus niveles, para lo cual cambiaron la ley de educación,
incrementaron los distritos y circuitos en el campo educativo, con la visión de
tener mayor control sobre el desempeño docente, mejorar la parte
administrativa e incrementar en número y calidad los egresados, prolongaron el
tiempo en la jornada laboral de 20 a 30 horas académicas y 10 horas en
actividades complementarias, aumentó el número de oportunidades para
aprobar el año lectivo, cuya consecuencia fue el descuido y la irresponsabilidad
de algunos estudiantes.
Dentro de este marco, Lázaro y Asensi (1989), quienes resaltan que, “La
acción tutorial es inherente a la función del profesor que se realiza individual y
colectivamente con los alumnos de un grupo clase, con el fin de facilitar la
integración personal de los procesos de aprendizaje” (p.49). Somos diferentes,
y necesitamos de ayuda calificada para llenar los espacios vacíos de
conocimientos y temores, por los cuales muchas personas sienten frustración y
miedo, sin embargo, aplicando estrategias diferentes en el proceso de la tutoría
el estudiante consigue una mejoría estable.
Es también relevante considerar la posición de Manuel Álvarez (2007),
manifiesta: “Partiendo de la idea de que los padres se sientan comprometidos,
será mayor su participación en la medida en que se sientan copartícipes y
coprotagonistas de la formación integral de sus hijos” (p. 34). En realidad, los
padres de familia son responsables con la formación de sus hijos, pero como la
situación económica es inestable, horarios de trabajo y problemas familiares
inducen al olvido de los deberes y derechos que deben cumplir como lo
estipula la constitución, ley y reglamento de educación.
En este caso es necesario incorporar a la formación del docente
conocimientos de evaluación, utilizar técnicas e instrumentos actualizados
acorde al avance tecnológico, bajo una perspectiva de imparcialidad y
observación de los cambios presentados por los estudiantes, que permita la
toma de decisiones oportunas y eficientes, para mejorar el proceso educativo.
A este respecto Casanova (1995) manifiesta que la evaluación de los procesos
de aprendizaje ha de hacerse mediante principios cualitativos, “Si nos
centramos en la evaluación de aprendizajes, poco o nada tiene que decir la
evaluación cuantitativa, porque se evalúan procesos, y las decisiones a tomar
deben tener un carácter inmediato ya que la cantidad como expresión de un
aprendizaje no significa nada” (p. 26). El sistema educativo actual no permite
cambiar la forma de evaluar por la serie de exigencias que debe cumplir el
docente para presentar los resultados parciales y totales del periodo educativo,
dejando de lado la parte cualitativa que es la que cambia la actitud del
estudiante.